Esta historia es una tontería, escrita para pasar el rato, en enero de 2007… está inspirada a conciencia por la novela de Anne Rice con el mismo nombre (pero en masculino
) del que hago algunas referencias
mmm… a Jade parece ser no le gusta hablar de Cassandra
ni de nada de su pasado…
El vocabulario vampírico de esta historia está basado en el juego de rol de “Vampiro, la Mascarada”, del que he derivado esta entrevista del libro de rol para poder usarla en la historia o.o era en principio un cuestionario para crear la personalidad de tu personaje.
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Entrevista con la vampira
Es una noche oscura y sin luna. La joven entrevistadora saca la grabadora, selecciona un par de opciones en la pantalla táctil y la pone en marcha sobre la mesa.
—¿Está preparada? –pregunta.
—Por supuesto —responde una voz femenina entre las sombras—. Pero seré breve. No puedo permanecer mucho tiempo en el mismo lugar, y menos aquí, ya me entenderás. Hay muchos de los míos que quieren ver mi cabeza colgada en su pared.
—¡Oh, bien…! –responde la chica nerviosa—. Entonces… empecemos cuanto antes. Dice usted que es…
—Soy vampira.
—Ah… —a la joven le da un escalofrío de terror—. ¿Y tiene colmillos?
La entrevistada sale a la luz, o mejor dicho las sombras le dejan paso, y muestra unos preciosos colmillos con una sonrisa siniestra. Es hermosísima, con unos hipnotizadores ojos verdes que la joven mortal intenta evitar en todo momento. Su cabello es largo y negro, de apariencia suave como la seda, pero no vivo.
—Eh, eh… —la entrevistadora se cree que le toman el pelo—. Tú eres como uno de esos que se pone los dientes de gato, ¿no?
—Mmm… creía que quería la entrevista —la vampiresa sonríe con un claro deje de desapasionamiento. Está claramente aburrida y molesta…—. Eh… ¿no le parece que esto se parece un poco a lo que le hicieron a Louis de Pointe du Lac?
—Sí, pero yo querría entrevistar a algún vampiro español… y… que fuera real…
—Oh, sí, por supuesto. A decir verdad todos más o menos venimos de aquí. ¿No creerás que todos los vampiros son de Transilvania o América, no?
—Claro que no…
—Ehm… no me gustaría ser descortés pero el tiempo corre —la entrevistada observa con impaciencia un hermoso reloj de plata labrada de su muñeca.
—¡Claro! Empecemos…. ¿Cómo se llama?
—Jade.
—Pero ese nombre será un seudónimo o algo parecido, ¿no es así?
—No es mi nombre mortal, claro está. Ése no lo recuerdo, y aun así no te lo diría, pues cualquiera puede usarlo contra mí.
—¿Qué edad tiene?
—Más de 200 años…
—Entonces es una vampiresa relativamente joven, ¿no es así?
—Relativamente… pero no mucho menos poderosa. Podría matarte con un gesto.
La joven entrevistadora se estremece de terror. Quizás se esté pensando en alcanzar la puerta.
—¿Cuándo y dónde nació?
—En a finales del s. XVIII más o menos, en Málaga. Era un lugar muy diferente al de ahora, la verdad… No había tantas luces ni tantas sirenas…
—¿Cómo era su vida… mortal?
—Bueno… Yo era una chiquilla nacida en una familia de la ascendiente burguesía de la época. En unos años gracias a las fábricas de mi padre llegamos a tener más poder incluso que la vieja nobleza española. Y gracias a ello aquellos jóvenes de la nobleza peleaban por casarse conmigo. Y la verdad es que prefería la muerte antes de casarme con alguien al que no amaba.
—¿Tuvo una infancia inocente, o fue convertida en adulta antes de lo normal?
—De pequeña fui muy inocente, eso es cierto. Tuve que hacerme cargo de las fábricas textiles de mi padre, ya que se puso enfermo y quedó incapacitado… Humm… Y la verdad es que seguí siendo inocente incluso después del Abrazo.
—¿Quiénes eran sus padres, cómo encajabais en la estructura social?
—Lo dicho… teníamos bastante dinero, tanto como para que se pegaran por ser amigos nuestros… Mis padres eran bastante tradicionales, siempre tomaban el partido que les beneficiaba para sus negocios. Tuvieron algunos problemas con los continuos cambios de régimen durante aquel siglo, pero no sabes qué bien calla una boca con un poco de dinero…
—¿Permaneció toda la vida en el mismo lugar, o viajó por el mundo?
—Los viajes entre las diferentes fábricas y sociedades de mi familia eran frecuentes, sobre todo de Málaga a Barcelona, Málaga a Madrid… alguna vez visité el norte, cierto es… pero me tenían tan protegida que rara vez podía hacer un viaje de “placer”
—¿Era patriótica o más bien apática?.
—¿Y a mí que me importaba eso? En mi época era mejor estar callado y no decir de qué bando estabas. Y más siendo una mujer; estuviera del bando que fuera no tenía derecho a voto. Aunque lo normal es que tus vecinos decidieran por ti y te denunciaran por simple envidia…
—¿Cuándo se encontró por primera vez con lo sobrenatural?
—En mi juventud me vi envuelta en el estallido romántico, así, tal era mi pasión por la lectura y sobre todo por las historias de fantasmas, duendes y demás fantasías, que rondaba a menudo los cementerios, las ruinas… buscando encontrarme con aquellos seres. De ello me arrepentiría más tarde.
—¿Cuándo fue convertida en lo que es?
—Hace casi unos 250 años…
—¿Qué edad tenías?
—Unos 18 años… mmm ¿a ti qué te parece?
—Pues que se conserva bastante bien, aunque a mí me parece más mayor, sobre unos 20 años más o menos, aunque mantiene en su rostro un leve deje de inocencia bastante sorprendente.
—Cierto le sorprende a todos —sonríe nostálgica Jade—. Antes de que acabe con ellos.
La entrevistadora traga saliva y se remueve en la silla. Continúa sus preguntas.
—¿Dónde fue ehhm… transformada en…?
—Abrazada, quieres decir. Te veo falta de vocabulario… Pues en Barcelona, durante un viaje de negocios con mi padre.
—¿Quién fue el que la convirtió?
—Mi sire… —la entrevistadora se apunta el nombre con el que lo ha denominado— fue un famoso escritor y poeta de la época. Era español, aunque viajaba a menudo a Sicilia. El nombre me lo reservo; no querría afectar a su reputación. —La entrevistadora la apremia para que lo diga—. Vale, no insistas más… te diré al menos su nombre de pila… Alejandro.
La joven mortal no parece satisfecha, pero prosigue con las preguntas:
—¿Fue su “sire” el primer vampiro que conoció o hubo otros antes?
—El primero —la vampira emite algo que podría decirse una risa— si hubiese sido el segundo tal vez hubiera salido corriendo… psss… tonterías de los mortales, seguro que en ese caso estaría definitivamente muerta…
—¿Esperaba (o querías) el abrazo o por contra fue algo inesperado?.
—Alejandro me contó en qué consistía el proceso. Me convenció de los muchos libros que leería durante toda la eternidad, de todo el conocimiento que podría alcanzar… Estaba bien la idea en principio, pero no sabía que el abrazo era “tan especial”. Manías de mi sire… aunque por lo que he oído hay otros que ponen las cosas más duras, por lo que… me pasó bastante la mano.
—¿Cómo fue vuestra relación?
—Al principio fue fascinación mutua, pero luego comprendí que él quería mi fortuna familiar como otros tantos de mis pretendientes. Mi sire tenía una extraña obsesión; quería tener una colección de joyas. Yo antes no me llamaba Jade, la verdad es que casi no recuerdo mi verdadero nombre. Tomaba a sus chiquillas entre las jóvenes con los ojos más hermosos, y según su color nos ponía nuestro nombre. Mis ojos verdes me valieron el nombre de Jade; a mis otras dos “hermanas” los suyos les valieron los nombre de Zafiro y Esmeralda.
—¿La abandonó o le permitió emanciparse cuando la consideró preparada?
—No creo que el término abandono fuera el adecuado. Tal vez yo le abandonara a él a su suerte. Pero eso ya me da lo mismo…
—¿Pero… os separasteis por las buenas o por las malas?
—Por las malas, por supuesto. Pero no fue nuestra culpa… fue el quien se granjeó problemas con los demás del clan, que decidieron borrarlo del mapa. Nosotras pudimos escapar, pero tomamos distintos caminos. No sé nada de ellas, y creo que él está muerto.
—¿Tenía prejuicios?
—Los de un hombre de su época, dado a que estaba estancado dos o tres siglos más atrás.
La entrevistadora comprueba el espacio en su grabadora digital. Se permite darle un respiro a Jade, que la mira divertida desde su silla. Al cabo de un rato continúa la entrevista.
—¿Cómo se siente respecto a los mortales?.
—Estoy por encima de ellos, eso está claro, pero aún les tengo algún tipo de respeto. Son bastante curiosos, y escriben libros muy interesantes que no puedo dejar de leer.
—¿Se consideras todavía una persona, la misma persona que una vez fue?.
—No —respondió escuetamente—. Al principio me sentía completamente vacía, pero todo cambió cuando descubrí que algún día podría alcanzar un gran conocimiento y tener la biblioteca más grande que la que una simple mente mortal podría imaginar.
—¿Protege a los que eran sus iguales o intenta usar sus nuevos poderes para vengarse de ellos?.
—Si me surten de entretenimiento… no tengo nada en contra de ellos, sólo con los que se lo ganan. Y si me sirven de aperitivo pues…
—¿Piensa en ellos como una fuente de alimentación o ama a un mortal?
—Amo algunos libros que escriben los mortales, pero eso no me une a ellos. Los únicos mortales a los que amaba están muertos y bajo tierra… Mi hermana Esmeralda si que amó a muchos, y Zafiro, por ejemplo, fue musa (y tal vez más que una amiga) de Bécquer.
—¿Cómo se ve a si misma?
—Simplemente no me veo, porque no me reflejo en los espejos. Es algo muy molesto, ¿sabias? Bueno, la verdad es que me veo un poco identificada con ese vampiro del que escribió Anne Rice… ¿cómo era…? ¿Louis? Al principio no quería matar, pero es necesario… a veces… aunque normalmente sólo mato a los que se merecen, ya te lo he dicho, delincuentes y gente por el estilo. A los que se puede decir que son “inocentes” (pues inocente no hay nadie) les perdono la vida y les borro los recuerdos.
—¿Se considera un condenado o piensa que el vampirismo es una mejora?.
—Ni me considero condenada ni lo veo una mejora. Eso depende de las rachas que tenga. Aunque sí tengo más tiempo para hacer lo que no pude “en vida”, puedo cerrar con mi poder las puertas mientras estoy sentada y cosas por el estilo… aunque me gustaría ver el paso del tiempo reflejado en mi cara…
—¿Cree en los mitos de la sociedad Cainita o tiene sus propias teorías?.
—De joven creía en los mitos, no creo que esté mal creer en los cuentos de hadas de los demás de la estirpe.
—Según lo que he oído se dicen cosas bastante bonitas.
—Tú has oído demasiado.
La entrevistadora mortal arrastra hacia atrás la silla y hace un amago de levantarse para irse. Las sombras parecen envolverle, mientras Jade la mira con sus ojos verdes. No puede evitar mirarla.
—Siéntate.
La joven no puede evitarlo y asiste sorprendida a cómo sus piernas la mueven hacia la silla y se sienta de nuevo a la mesa.
—Continuemos, por favor —la apremia la vampira—. ¿O es que acaso has terminado? Y si es así… muy poca consideración de tu parte al irte sin despedirte…
—Oh, no… bueno… —la mujer tiembla de miedo aunque no puede moverse del sitio—. Me quedaban algunas preguntas… pero veo que…
—Continúa.
—Bien…. Lo que me quedaba era saber es ehmm.. dónde acudes para alimentarte, cómo lo haces, y con qué frecuencia…
—Normalmente en los lugares donde hay “movida”, tales como botellones, discotecas… aunque prefiero lo primero, pues se encuentran más diseminados entre las calles y se les puede conducir mejor hacia cualquier esquina o… llevármelos a casita…
»¿Cómo lo hago? Si no funcionan mis encantos recurro a otros métodos como los que has podido sentir tu antes. Mis ojos no son fáciles de evitar…
»Y la frecuencia… No suelo salir mucho de la casa, sólo cuando me dan algún que otro “trabajo” así que… cuando tengo hambre o estoy realmente aburrida.
—¿Bueno… y durante el día… dónde se refugia?
—Cualquiera de los pisos y mansiones que tengo dispersados por España, fruto de mi fortuna y mis acciones en la bolsa.
—Oh… en la bolsa… —parecía admirada sobre que supiera invertir—. ¿Y el lugar donde duerme…?.
—En una cama muy grande y blandita que tengo en mi habitación totalmente sellada de la luz. ¿Dónde creías? —Jade se empieza a reír, esta vez con ganas.
—¿Tiene algún enemigo especial?
—Los propios de mi clan. Voy por libre, y esa es una buena razón por la que no siga existiendo. Aparte de eso… ninguno… no salgo tanto como para que todo el mundo me conozca y acabe odiándome.
—¿Cuáles son tus objetivos?
—Alcanzar el mayor conocimiento posible. ¿Es curioso verdad? Me fascino ante una obra de arte, ante un espejo vacío. Bastante raro para alguien de mi clan.
—¿Cómo pretende pasar el resto de su larga existencia?
—Como he seguido hasta ahora —contesta.
La entrevistadora alarga la mano con prudencia hacia la grabadora y la para, comprobando la grabación y apagando después el aparato. Parece que ahora puede moverse fácilmente. Jade mira hacia otro lado, apoyada la cabeza en la palma de su mano, cuyo brazo descansa sobre la mesa.
—¿Y bien eso es todo? —pregunta, aburrida. No era el final que ella esperaba.
—Sí, creo que lo es, no tengo nada más apuntado en mis notas —responde la joven mortal con timidez.
—No puedo dejar que te vayas así. Es demasiado arriesgado para las dos.
—¿Piensa matarme? —la entrevistadora huye hacia la puerta, pero una sombra se cruza en su camino.
—No me has dejado despedirme.
—Pero no me va a matarme, ¿verdad?
—Tampoco he dicho eso… —contesta Jade divertida.
—¿Es que no soy acaso “inocente” como tu dices?
—No eres inocente, simplemente alguien que sabe demasiado.
Jade se levanta de la mesa y se dirige hacia la chica.
—¿Eres feliz ahora con todo lo que sabes? —le pregunta.
—No si no me deja salir de aquí… por favor…
—Pobre… los mortales nunca son felices con lo que tienen… en fin… no tengo elección… —La mira a los ojos—. Duerme.
La joven se derrumba sobre el suelo de parqué y Jade se inclina junto a ella, mientras la habitación se llena de oscuridad.
***








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